Querida familia del fútbol:
El fútbol es la mayor pasión compartida del mundo. No pertenece a ninguna persona ni a ninguna institución.
Pertenece a los jugadores, los aficionados, los clubes, las Asociaciones Miembro y a cada institución encargada de proteger su futuro.
Es con ese espíritu, como confederaciones que representan a sus miembros, que hoy hablamos colectivamente.
El crecimiento registrado durante la última década ha sido real. Pero ese progreso nunca fue obra de una sola persona. Fue producto de FIFA, las Confederaciones, las Asociaciones Miembro y las miles de personas que dedican su vida al fútbol.
La expansión de los torneos, la designación de los Mundiales de 2030 y 2034 y la distribución de recursos a las asociaciones fueron logros compartidos, acordados conjuntamente y ejecutados conjuntamente.
Esto no se trata de dinero. Las Confederaciones ya han solicitado una distribución responsable de las enormes reservas existentes de FIFA para fortalecer aún más la inversión en el desarrollo de las Asociaciones Miembro.
Tampoco se trata de que alguna Asociación Miembro pierda el apoyo que se ha ganado, a pesar de las campañas de miedo dirigidas a nuestros miembros para hacerles creer lo contrario. Ni se trata de revisar la expansión de las competiciones, la distribución de plazas para los Mundiales o cualquier otra decisión adoptada colectivamente. Esas decisiones se tomaron juntos y deben mantenerse.
Esto se trata de algo más fundamental: la integridad del juego y la integridad de quienes han sido elegidos para dirigirlo.
El liderazgo en el fútbol no es una posesión. No se trata de acumular —o exigir— poder para conservarlo. Es un deber de servicio hacia la familia del fútbol que deposita su confianza en quienes la dirigen.
Cuando la confianza se rompe mediante el engaño, cuando una persona se coloca por encima del colectivo que le confió autoridad, ese deber ha sido abandonado.
La reciente carta de FIFA dirigida a sus vicepresidentes y a las 211 Asociaciones Miembro reconoce que se cometieron errores durante el proceso. Lo presenta como una falla de comunicación, cuando lo que el fútbol presenció fue una falla de criterio.
Una propuesta impulsada en un plazo reducido, sin una consulta significativa y llevada hacia una fecha límite antes de que las Asociaciones Miembro pudieran revisar adecuadamente sus términos, no es producto de un descuido: es producto de un diseño destinado a limitar el escrutinio.
Tampoco reconoció que la propia propuesta era intrínsecamente equivocada. Sigue sin existir un reconocimiento de que intentar vender una participación en la Copa Mundial de FIFA fue una grave falla de criterio, no simplemente un error de procedimiento, sino una ruptura fundamental de la confianza con las mismas instituciones a las que FIFA existe para servir.
FIFA también se ha comprometido a presentar un informe completo sobre estos acontecimientos ante el Consejo de FIFA, sin reconocer una vez más que una buena gobernanza, ante una falta de criterio tan grave, requeriría que dicha revisión fuera realizada por un tercero completamente independiente, no por FIFA, sus empleados ni por ninguna de las partes interesadas dentro del fútbol. La administración de FIFA no debería desempeñar ningún papel en la realización de esa revisión.
Como se señaló en comunicaciones anteriores, todos los documentos y registros pertinentes deben conservarse de acuerdo con lo establecido por UEFA sobre la preservación de documentos.
La propia carta de FIFA también confirma que solamente un funcionario electo estuvo presente en la reunión de liderazgo celebrada en Marruecos. Ningún miembro del Consejo de FIFA ni ninguna Asociación Miembro fue invitada a participar. Únicamente estuvo presente el comité de gestión, compuesto por altos funcionarios empleados por FIFA.
Esta reciente reunión, en la que un número selecto de miembros del Comité de Gestión de FIFA —no el Comité completo— fue convocado en el extranjero, en lugar de que el liderazgo acudiera a Zúrich para abordar el corazón de FIFA, su personal, no hace más que reforzar estas preocupaciones y representa una continuación del mismo patrón de conducta que nos ha llevado hasta este momento.
No es la conducta de un custodio del juego, sino la de alguien que cree que el juego debe rendirle cuentas a él.
Hay silencio donde debería haber rendición de cuentas; distancia donde debería existir apertura.
Estas no son las cualidades que el fútbol merece de sus líderes. Por eso hemos adoptado esta postura: no de manera ligera ni en solitario, sino juntos y por el deber que tenemos con el juego al que servimos.
La fortaleza del fútbol siempre ha estado en su unidad. Hacemos un llamado a que esa unidad sea respetada ahora, por un liderazgo que sirva al fútbol y no busque ejercer dominio sobre él.
Atentamente,
SALMAN BIN IBRAHIM AL KHALIFA
Presidente de la AFC
VICTOR MONTAGLIANI
Presidente de Concacaf
ALEKSANDER ČEFERIN
Presidente de UEFA
DATUK SERI WINDSOR JOHN
Secretario General de la AFC
PHILIPPE MOGGIO
Secretario General de Concacaf
THEODORE THEODORIDIS
Secretario General de UEFA




